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El interior es laberíntico porque se ha construido uniendo varias casas colindantes, gracias a lo cual nunca encontraremos un largo pasillo cuajado de habitaciones a ambos lados, sino que éstas van apareciendo de una en una tras un recodo, al final de una escalerita, atravesando una estancia o cruzando un pequeño patio. Hemos adaptado el hotel, adecuándolo a la nueva normativa referente a los alojamientos en el medio rural, por lo que el hotel pasa a ser hotel rural. La decoración -con muebles, piezas y ornamentos de época - muestra el sentir, la magia y la filosofía del buen gusto debida al talento de François Fournier, alma del proyecto "El Tiempo Perdido". Desde su fallecimiento, el 6 de abril de 2004, su legado ha pasado a manos de Paco Bello, colaborador directo desde el arranque de este sueño hecho realidad. Ahora, su continuidad es real y vive en el corazón de tan agradable espacio. No obstante, el hotel resultaría incompleto si no contase con un restaurante que estuviese a su altura, pero cuenta con él, y no sólo uno, sino dos: se llaman El Poleo y El Jardín del Poleo. El nivel de su magnífica cocina y la perfecta atención en la sala se deben igualmente al incomparable cordobés Paco Bello, su chef y propietario, que, junto con la decoración, refinada y cuidadísima también, proporciona el equivalente y el complemento perfecto al hotel. |
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